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Viajeros comprometidos con el mundo

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Un dia en el summer camp de la ONG ‘Por la Sonrisa de un Niño’

Las vacaciones de este año nos han dejado marcadas y esta marca no se borra tan fácilmente. Me siento con la obligación de explicar nuestra pequeña vivencia en Cambodia.

Tuvimos la suerte de conocer a dos voluntarios españoles de la ONG francesa “Por la Sonrisa de un Niño” el día que llegamos a Siem Reap. Estaban en el Summer Camp (o colonias de verano) con los niños más pobres de esta ciudad. Fue muy interesante escuchar de primera mano lo que estaban haciendo allí, la vida de esas familias y todo lo que sabían de ese país… cosas difíciles de encontrar en una guía como la Lonely Planet.
Nos ofrecieron la posibilidad de ir a visitar el centro y sin duda aceptamos.

Nos acercamos la mañana del miércoles sobre las 10. El centro estaba a las afueras de Siem Reap y acabamos yendo en moto. La noche anterior había llovido sin parar y el acceso al centro fue algo complicado por el barrizal que se había formado. A medida que avanzábamos por el camino empezamos a escuchar griterío. A lo lejos docenas de niños jugaban en el patio.

Fue llegar y no pudimos ni abrir la boca para decir hola, varios niños vinieron hasta nosotras a abrazarnos. No lo puedo explicar…1233562_10151575510386822_540421910_n
Había montones de niños saltando, riendo, gritando, … Algunos iban sin chanclas, otros con ropa vieja y sucia, otros con camiseta tres tallas más grande, pero todos con una sonrisa… ¡Qué sonrisa joder!
Los voluntarios españoles nos vinieron a saludar y nos acompañaron a visitar el centro: la cocina, el comedor, la zona de limpieza, las diferentes aulas, el patio, etc.

Para esos niños ir un día al Summer Camp es poder ducharse con agua y jabón a primera hora de la mañana, poder hacer cinco comidas (entre ellas dos platos de arroz con verduras/pollo/pescado), jugar con el resto de niños, participar en actividades preparadas por los voluntarios, hacer una siesta, etc.
Para algunos de esos niños ir al Summer Camp también es dejar de trabajar un día. Una de las funciones más importantes que hace la ONG es recoger niños del basurero de Siem Reap. Son familias que viven de separar plástico, metal y vidrio de la basura.

Preguntamos si sería posible acompañar a los niños a la vuelta a casa aquella tarde y así lo hicimos.

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Camino del basurero

El centro dispone de un camión grande y una furgoneta que hace rutas en función de dónde viven los niños. Nosotras acompañamos a los del dumpside en la furgoneta pequeña. No sé cuántos seríamos: 20? o 30? Fue muy emocionante, los niños no paraban de cantar, saltar, moverse de un lado para otro. Imposible silenciarlos. Por el camino dejamos a varios de ellos que vivían en pequeñas aldeas. La siguiente parada era el dumpside.

No puedo describirlo y aún a día de hoy lo recuerdo y se me ponen los pelos de punta. Cuando cogimos el camino hacia el basurero y empecé a ver dónde estábamos llevando a esos niñitos me quería morir. Y lo más increíble era ver las caritas de esos pequeños deseando llegar a su casa, el basurero.
Paramos la furgoneta y bajamos. El olor era fortísimo y millones de libélulas enormes volaban por todo el campo. La escena era penosa: hombres, mujeres y niños en la basura. La primera cara a la que me enfrenté fue la de una mujer que estaba separando de la basura restos para alimentar a las vacas, me miró y me sonrió. No se la pude devolver… La segunda cara la de una niña que iba con botas, un saco y un palo preparada para seguir separando basura. Me miró y me sonrío. Hice el esfuerzo…

Estuvimos una media hora por allí, nos dio tiempo a ver dos camiones de basura descargando e incluso al dueño de ese campo que aquel día se acercó a vigilar. Dueño al que las familias tienen que pagar un alquiler, así de increíble. Pagar por vivir en la basura. Y separar basura para poder vivir.

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Nino separando basura

Después de despedirnos de los niños nos volvimos a subir a la furgoneta. La vuelta fue mucho peor. Lágrimas en los ojos. Nosotras nos íbamos a nuestra guesthouse dejando a esos niños viviendo allí, en la basura. Fue un momento muy difícil. Reflexión ese día y los siguientes.

Con la distancia las cosas se ablandan pero no se olvidan. Sí, ya sabemos que hay millones de injusticias en el mundo y millones de necesitados. No es malo recordarlo de vez en cuando. Recordarlo para agradecer lo que tenemos, para intentar ser más humildes, para darle el valor real a nuestros problemas y a nuestras necesidades. Para no necesitar tanto para ser feliz…

Y tampoco es malo recordar que con poco se puede hacer mucho. Gracias a esta experiencia puedo decir que aplaudo los trabajos de organizaciones como la de “Por la sonrisa de un niño”, de todos esos trabajadores y voluntarios. Hace que crea que hay gente buena en este mundo.


Si estáis interesados en el proyecto, tenéis más información en:
http://psecamp2013.wordpress.com/2013/08/21/siem-reap/
http://www.psncamboya.org/index.htm

 

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causewetravel • 1 septiembre, 2013


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