C a u s e W e T r a v e l

Viajeros comprometidos con el mundo

Voluntariado en la ONG «Por la Sonrisa de un niño» de Camboya – 2014

Topar con PSE en Camboya durante las vacaciones del 2013 no fue una casualidad. El verano siguiente, con una mochila repleta de regalos, volví a coger un avión con destino al mismo país. Esta vez para hacer algo que siempre había deseado, ayudar. El verano del 2014 fue, sin duda, uno de los más especiales de mi vida.

Antecedentes

Podéis leer este post donde relato cómo conocí la ONG durante las vacaciones del 2013.

Preparativos

Para poder ser voluntario de la ONG es necesario aplicar enviando una carta de motivación, el currículum vitae y una foto. Una vez pre-seleccionados el siguiente paso es hacer una entrevista personal que en España se realiza durante la jornada de selección de candidatos en Madrid. En mi caso fue el domingo 23 de marzo en el centro Cultural Eduardo Úrculo.

La jornada fue dirigida por Marisa Caprile, presidenta de la ONG en España. En ella se promovió la participación de todos los asistentes, se presentó PSE, se realizaron juegos, se proyectaron vídeos y varios miembros de la ONG informaron sobre aspectos relevantes para los futuros voluntarios: la historia de Camboya, la historia de PSE, los proyectos de la organización, el summer camp, las normas y reglas, información sobre vacunas e higiene, etc.

La entrevista personal la realizan voluntarios de otros años que hacen preguntas relacionadas con los datos aportados en el CV y las motivaciones personales. Al cabo de unas semanas envían un email con el resultado. ¡El mío fue favorable!

Preparar el viaje a Camboya significaba:

  • Comprar los vuelos ida y vuelta a Phom Phen (a cargo del voluntario).
  • Tener el pasaporte en curso, más cuatro fotografías de carnet y 25 euros para el visado que se gestiona en el mismo aeropuerto.
  • Administrarse las vacunas pertinentes: en mi caso fiebre tifoidea y malaria. Contratar un seguro de viaje y llevar un botiquín.
  • Preparar un sobre con 80 dólares para cubrir los gastos de las camisetas, desayunos, primera semana, etc.
  • Conseguir regalos para los niños. La mochila de viaje debía ir repleta de regalos (camisetas, gorras, material escolar, pelotas, etc.). Yo llevé todos mis enseres en una mochila de mano.

Recuerdo el día de mi viaje sentada encima de la mochila para intentar cerrarla. Había que meter todos los regalos posibles!

Llegada

Mi vuelo a Camboya tenía dos escalas: París y Guanzhou. Fue un viaje cansado pero nada aburrido. En el último vuelo coincidí sentada con una chica francesa que resultó ser también voluntaria de PSE como yo.

En Phnom Phen nos estaban esperando en el aeropuerto un grupo de voluntarios de acogida o Welcome Commitee. Tuvimos suerte porque casualmente mami también estaba allí esperando a unos familiares. Mami, Marie-France, es junto a su marido papi o Christian, los fundadores de la ONG. La historia de PSE tiene origen en un viaje que realizó esta pareja a Camboya poco después del fin de la dictadura de Pol Pot. Un día en Phnom Penh acompañaron a unos niños de la calle a conocer su casa, el basurero. Quedaron tan conmocionados por las condiciones de estos pequeños que sintieron que debían hacer algo por esos niños. A partir de ahí empezaron a construir lo que es hoy la ONG que cuenta con una gran sede central en Phnom Penh: varias escuelas de formación profesional (hostelería y turismo, negocio y ventas, fotografía, mecánica, etc.), internados, parques, comedores, etc. para los niños más necesitados.

Nos trasladaron al centro en furgoneta y, como era muy tarde, nos llevaron directamente a unas habitaciones para dormir. Los voluntarios teníamos disponibles varias que consistían en espacios con alfombras en el suelo y ventiladores en el techo. Se habían acabado las comodidades occidentales. Aquella fue la primera noche de casi 30 durmiendo en el suelo. Caí completamente rendida. Al día siguiente me desperté por el calor pero esperé a que el resto de compañeros de la habitación se levantasen para incorporarme yo también.

Cerca del edificio donde nos alojamos habían unas casetas donde estaban los baños y dos zonas de ducha, una para los chicos y otra para las chicas. La primera ducha fue inolvidable, consistió en varios cazos de agua fría recogida de una pileta y, usando el bañador, pues era obligatorio. En eso se convirtieron también mis duchas durante mi estancia en Camboya. El desayuno fue una barra de pan acompañada de mermelada de fresa o melocotón, ¡muy dulce!, pero realmente supieron a gloria.

Semana de convivencia

Antes del inicio de los camps, PSE reúne a todos los voluntarios la primera semana, es la denominada semana de convivencia. Los tres primeros días, mientras se espera la llegada de todos los voluntarios, transcurren en Phnom Penh. Esos días se realizan visitas a la ciudad (Tuol Sleng o S-21, la escuela convertida en prisión por los jemeres rojos, el mercado de Phnom Penh, etc.) así como visitas a las instalaciones de PSE central. También se realizan varias reuniones informativas y charlas. La que mejor recuerdo es la de mami, por sus palabras y porque todos acabamos bailando al ritmo de la canción «Allez PSE, allez, allez!», uno de los himnos de la ONG. El último día se realiza un meeting en el que se presentan a los coordinadores y se anuncia el grupo de voluntarios de cada camp. En mi caso, no fue una sorpresa. Debido a que yo sólo podía permanecer cuatro semanas en Camboya, Sihanoukville (el único camp con una duración de tres semanas) sería mi destino. La verdad es que era el destino que me hacía más ilusión ya que era una zona de Camboya que desconocía.

La semana de convivencia incluía unos días, precisamente, en Sihanoukville. El viaje en autobús desde Phnom Penh duró unas cuatro horas. Allí nos alojamos en una especie de albergue junto a la iglesia católica situada en el Sacro Monte. Recuerdo que las vistas eran preciosas y había muchísima vegetación. Durante esos días se combinaron actividades en el propio albergue junto con actividades en la playa. Básicamente juegos en equipo para conocernos y también para tener ideas para la preparación de los juegos que haríamos con los niños. Al ser de las mayores del grupo, había algunas actividades que no resultaban muy apetitosas. Con Pedro, un voluntario de Madrid también veterano, logramos escaparnos de alguno de los juegos 😛

Llegada al camp

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Localización de PSE en Sihanoukville

Después de despedir al resto de voluntarios (a muchos no los volvería a ver) acabamos de cerrar mochilas y esperamos a las furgonetas que nos llevarían al camp central de Sihanoukville. La primera impresión fue muy buena. El recinto era grandioso, con forma rectangular. Constaba de dos edificios principales, uno para los monitores europeos y otro que contenía oficinas en la planta baja y habitaciones en la superior, que serían para las monitoras camboyanas. También había un tercer edificio que albergaba la cocina y el comedor. El patio era enorme pero había parte que estaba en obras y que no pudimos utilizar en todo el mes. Este sería nuestro hogar durante tres semanas y yo estaba emocionada.

Nuestra primera tarea fue limpiar a conciencia todo el recinto. Tuvimos que barrer y fregar las estancias, también el patio, recoger las piedras y otros restos que fueran peligrosos para los niños, limpiar la cocina y los baños, nuestras habitaciones y la de los camboyanos. Un trabajo muy duro pues hacía un año que no se limpiaba (¡tuvimos que lidiar con animales de todo tipo!) pero fue un trabajo que se hizo en equipo, todos participamos y por igual. Era un buen preludio del buen rollo que tendríamos las tres semanas que nos esperaban.

Nuestro edificio tenía dos plantas. En la planta baja, con suelos de mármol, estaban la ducha (ducha al estilo camboyano, es decir, un pozo lleno de agua y varias jarras), el baño con lavabos y cinco letrinas privadas, un baño europeo (que no tuve la suerte de visitar porqué siempre estaba embozado) y cuatro salas más: una era la habitación de nuestra cocinera, otra, con cerradura, la usamos como almacén para guardar el material y las dos restantes servirían para nuestros meetings diarios y para realizar actividades con los niños en caso de lluvia en el camp central. Unas escaleras de madera llevaban a una sala de unos 30 m² con tres puertas que daban a dos habitaciones más pequeñas y a un balcón. Aquella sala sería nuestro lugar de descanso, allí colocamos nuestros sacos y las mosquiteras. El espacio vital individual era igual al de la esterilla, no había espacio para invitados. Las habitaciones pequeñas las usamos para dejar las maletas y también como cambiador. En la de los chicos (que eran minoría) también almacenamos la comida. El balcón se convertiría en nuestro punto de encuentro en la hora del desayuno y, por supuesto, tambien lo usamos para tender la ropa.

Recibimiento monitores khmeres

Nuestra segunda tarea, después de dejar el camp como una patena, fue preparar la llegada de los monitores camboyanos. Con ellos acabaríamos de formar el equipo de trabajo de los dos camps. Muchos de estos monitores eran niños de PSE pertenecientes a familias sin recursos o desestructuradas y algunos ya tenían experiencia de otros años como monitores. Uno de los objetivos de la ONG para este proyecto es que en el futuro no sea necesario que voluntarios europeos se desplacen a Camboya y que todos los monitores del summer camp sean del propio país. De hecho, los monitores camboyanos debían aprender de nosotros pues, teóricamente, estábamos mejor preparados. Aunque su función podría definirse como de soporte en las actividades (que describiré más adelante) y de traductores para comunicarnos con los niños, la verdad es que todos hicieron un trabajo excelente.

Nos esmeramos en hacer un arco con troncos de palmeras que recogimos por el patio, flores y otras plantas. Preparamos una canción entre todos y nos colocamos en dos filas haciendo una especie de túnel para recibirlos. Los khmeres llegaron al centro en el camión sonrientes, saltando y cantando como locos. Se quedaron muy sorprendidos de lo que habíamos montado para ellos. Las horas siguientes las empleamos en conocernos: preguntas y respuestas, y más preguntas y respuestas.

Equipo de monitores de Sihanoukville

Equipo de monitores de Sihanoukville

El día a día en SHV Central

En la ciudad de Sihanoukville PSE tenía dos camps: central y la paillote. Yo estaba destinada a la paillote pero sólo acudíamos allí durante el día. La noche la pasábamos en central.

El día a día era levantarse a las 6:30 de la mañana, siempre con despertador. Los primeros días me costó a rabiar, seguía sin acostumbrarme a dormir en el suelo. La organización de la ONG intentó comprarnos camas camboyanas, pero el presupuesto no dio de sí y nos tuvimos que conformar con unas esterillas acolchadas. Igualmente, a los pocos días ya dormía con una facilidad impresionante, incluso sin quejarme de mis problemas de espalda!

Nos levantábamos en silencio, para no despertar a los más rezagados. Yo siempre era de las primeras, me apetecía empezar el día tranquilamente. Visita al cambiador y a los baños. Luego desayuno! El pan llegaba fresco cada día, lo traía puntualmente un camboyano en bicicleta. Teníamos una kettle en la habitación en la que calentábamos el agua para el te o el nescafé. Azúcar y mermelada para untar el pan. El día que nos escapamos al súper y pude comprar aceite y salme convertí en la mujer más feliz del mundo. Los desayunos acabaron siendo mi comida favorita del día.

Vuelta al baño para lavarnos los dientes y listos. La siguiente visita era la cocina: cada día teníamos que pasar por allí para recoger varios bidones de agua y las cacerolas con el desayuno de los niños, destino la paillote. A las 7:30 debíamos estar en la entrada esperando al camión que debía llegar con los niños de central.

Un par de días me escapé con el camión para ir a buscar a los peques. La salida del camión era a las 7 de la mañana y normalmente la recogida la debían hacer un mínimo de tres monitores. 10626381_10152246504716822_6481828421958192939_o10623567_10152246523491822_6393816710984974521_oEl destino, una comunidad cercana a la playa. Se hacían varias paradas por el camino recogiendo a los niños que allí acudían. Nuestra obligación era ayudarles a subir al camión y contarlos, casi conseguíamos los 200!      La verdad es que es indescriptible lo que se siente viendo a esos niños corriendo hacia nosotros, muchos de ellos llevaban rato esperando, otros casi se quedaban sin subir. A esa hora de la mañana ya todo eran cánticos, palmas y gritos en el camión. De los mejores momentos vividos en Camboya.

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De camino a la paillote!

La salida hacía la paillote era igual de divertida. Todos los monitores subíamos al camión y nos despedíamos de central, tanto de monitores como de niños. El camino no era de más de diez minutos. La llegada a la paillote siempre era especial: salto del camión y camino por las vías del tren para llegar a nuestra escuela, donde ya nos esperaban nuestros niños.

La llegada por la tarde a central después del duro día de trabajo ocurría sobre las 6 o las 7 de la tarde. Mi objetivo siempre era la ducha porqué a esa hora aun eran agradable los cubos de agua fría pero si postergaba el baño media hora ya tocaba sufrir un poco. Antes o después de la ducha siempre había una visita al colmado de enfrente del camp, que llevaban una madre y sus dos hijas encantadoras: una bolsa de fritos, unas galletas o un refresco caían siempre. Cada tarde teníamos una reunión para comentar cómo habían ido el día y preparar las actividades del día siguiente. En ocasiones especiales las reuniones se alargaban algo más: los jueves para preparar bien la gymcana del viernes y el viernes para montar las nuevas actividades de la semana siguiente.

Algunas reuniones fueron interrumpidas a grito de: la cena ya está lista! Y en ese momento todos nos dirigíamos hacía la cocina sabiendo que el menú que nos esperaba era el de arroz con algún acompañamiento. Pocas veces fuimos sorprendidos con noodles, deliciosos! Y el mayor de los regalos: una noche tuvimos crepes con nutella. Si lo pienso ahora me sigo relamiendo… La cena era el momento del día para disfrutar con el resto de monitores de central, compartir nuestro día y echarnos unas risas. Alguna noche acabamos todos bailando canciones típicas camboyanas.

Después de la cena y lavar nuestros platos teníamos tiempo libre. Algunos aprovechaban para ir al colmado, otros para pillar wifi cerca de las oficinas, otros se quedaban charlando en el patio del camp. La mayoría de noches yo me iba directa a la habitación, los días eran duros y apetecía descansar. Visita al baño, pijama encima y al suelo de nuevo. Teníamos hasta las 10 para leer o escribir en nuestras camas, era el toque de queda. A las 10:01 las luces se apagaban.

 

Nuestra paillote

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Entrada de la paillote

Nuestra paillote era una pequeña escuela al lado de las vias del tren de Sihanoukville. Disponía de cuatro clases y una sala cerrada para el material. También de un pequeño patio con columpios y una zona para los baños. El máximo numero de niños que llegamos a recibir durante las tres semanas fue de unos 250.

La escuela estaba muy bien cuidada, algunas de las paredes estaban pintadas con dibujos de colores, todas las estancias tenían moqueta y pizarra e incluso había una mini-bibilioteca en una de las salas.

El primer día que llegamos a nuestra paillote, lo dedicamos a limpiar y ordenar. Algunos niños se nos acercaron curiosos y con ganas de saber quien eramos.

Mi equipo

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Equipo de voluntarios de la paillote

El equipo de la paillote estaba formado por ocho monitores europeos: María, Marta, Javi y Ana de Madrid, Julie B., Julie P. y Maxime de Francia y servidora de Barcelona. Junto con nosotros, 11 monitores khmeres acababan de completar el grupo.

Maria y Chan Tith (con camiseta blanca en la imagen) eran los coordinadores de la paillote y sus funciones principales eran las de dirigir, gestionar y coordinar las actividades del camp y al equipo de monitores.

Nuestras tareas

Cada día nuestra primer tarea al llegar a la paillote era contar a los niños. El primer día hicimos cinco grupos de niños, clasificados por edad. Cada grupo de niños tendría sus monitores, uno europeo y otro camboyano que debían responsabilizarse del grupo. Cada semana, además, un monitor europeo y uno camboyano serían designados como service team. Se ocuparían de las comidas, de recoger y limpiar, de atender a las peticiones del resto de monitores, etc.

Las tareas que realizamos diariamente eran las siguientes:

  • ducha: cada mañana duchábamos a los niños, primero a las niñas y luego a los niños.
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    Hora de la ducha

    Los niños se colocaban un krama y esperaban el riego.
    Disponíamos de una manguera y varios cubos que llenábamos con agua y jabón. Era uno de los momentos mas divertidos del día porque disfrutabas mucho viendo sus caras… aunque algunas fueran de enfado!

  • desayuno: después de la ducha era momento del desayuno. Los niños hacían una fila y por turnos debían primero lavarse las manos, recoger el plato (normalmente un caldo con sardinas y pan) y dirigirse a la clase que usábamos también como comedor. La opción de repetir era posible siempre que quedase comida en las ollas, por supuesto. Una vez desayunados los niños debían lavar sus platos y sus vasos. Tiempo libre hasta el inicio de actividades.
  • actividades: cada uno de los monitores europeos teníamos una actividad preparada para realizar con los niños: juegos, manualidades, etc. Como teníamos disponibles cuatro espacios cerrados más el patio, cada semana cinco monitores nos distribuíamos en las salas esperando a los grupos de niños. La función de los monitores camboyanos era la de acompañar a cada grupo de niños a la sala correspondiente. Cada media hora había rotación, de manera que los niños iban cambiando de actividad.

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    Hora de comer

  • comida: para la comida, igual que para el desayuno, los niños debían colocarse en fila y por orden recoger su plato: arroz con verduras, arroz con pollo, arroz con pescado, … La llegada de la comida a la paillote se hacía gracias a miembros del equipo de central ya que la cocinera del camp preparaba las ollas para los dos centros. La llegada del camión seguía al traslado de las ollas por las vías del tren. En alguna ocasión tuvimos que sortear los trenes estacionados y os aseguro que las ollas pesaban y mucho!!!

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    Siesta time

  • siesta: después de la comida tocaba la hora de la siesta. El service team colocaba alfombras en las habitaciones y a medida que los niños terminaban de comer se tumbaban en el suelo y se tapaban con los kramas. Silencio. Por turnos los europeos salíamos de la paillote en dirección a las tiendas del otro lado de las vías para tomarnos un rico café con leche condensada, qué momentos!
  • merienda: después de la siesta, seguíamos con las actividades y a mitad de la tarde hacíamos una pequeña parada para la merienda, que consistía en una pieza de fruta.

Para el blog de PSE escribimos entre todos los monitores una carta de un niño de la paillote que resume muy bien el día a día en el camp.

Los niños

Los niños es, sin dudas, el mejor de los recuerdos que deja el voluntariado en PSE. Aunque todos son especiales, es inevitable tener uno o varios niños preferidos. El mío era un chinito (así lo llamaba yo porqué su nombre khmer nunca lo llegué a recordar bien!) muy peque que no me hacía mucho caso. Aunque es algo que siempre se remarca en estas experiencias, es una pasada la cantidad de cariño que te dejan estas criaturas.

Excursiones

Cada semana hacíamos una salida fuera de la paillote con todos los niños. Normalmente la salida se hacía los miércoles por la tarde. Subíamos a todos los niños en el camión destino la playa o el río. Los niños disfrutaban con estas salidas, el agua les volvía locos.

En la playa los monitores debíamos colocarnos dentro del agua haciendo un semicírculo. Muchos de los niños no sabían nadar por lo que debíamos tener mucha precaución. La salida del agua se hacía de rogar y había que sacarlos casi de las orejas. Subida al camión con toda la ropa mojada y es que como os podéis imaginar en Camboya los biquinis y bañadores no se usan en la playa. En una de las salidas a la playa nos reunimos con los niños de central. Esta vez pasamos todo el día: hicimos actividades, comimos allí, hicimos la siesta, etc. Los peques disfrutaron más que nunca de la arena.

La salida al río suponía más tiempo de transporte, casi una hora para llegar a destino. Una vez allí nos colocábamos en una isleta con poca profundidad. Monitores y niños dentro del agua y a disfrutar!

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En la playa

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Día en el río

 

 

 

 

 

 

Visita a la comunidad

El último día en la paillote visitamos la comunidad en la que vivían nuestros niños. Eran chabolas anexas a las vías del tren, hechas de madera o chapa. Los niños nos llevaban a sus casas y las familias nos recibían con una gran sonrisa y haciendo ademanes dándonos las gracias. Logramos entrar a algunas chabolas, muy pequeñas y humildes, con básicamente colchones para dormir y poco más, los más afortunados tenían televisor. Y es que pasan muy poco tiempo dentro de las casas.

El accidente


Otras anécdotas

Los viernes eran las olimpiadas en la paillote. Dividíamos a los niños en grupos de diferentes edades que debían competir entre ellos. Los monitores teníamos varios juegos preparados: estirar la cuerda, carreras de obstáculos, piñatas, juegos con agua, bolos, etc. Los tres primeros equipos, el podium, eran los ganadores y se llevaban los mejores premios. Pero había regalos para todos, los que habíamos traído todos los voluntarios en nuestras maletas de viaje: camisetas, gorras, libretas, llaveros, bolígrafos, pelotas, etc. Los niños del primer equipo eran los primeros en escoger regalo, luego los niños del segundo equipo, y así hasta que todos tenían su regalo. Caras de felicidad general! Indescriptible ver sus sonrisas, por un bolígrafo!!!!

El viernes también era el día de la entrega del arroz. Un incentivo para que las familias permitan que sus niños asistan al summer camp, es que cada viernes se les entrega unos kg de arroz, con la condición que hayan atendido al menos tres días la escuela. El arroz es el alimento básico en la dieta camboyana y esos kgs de arroz suponían varios platos de comida de las familias.

Despedida

 

Para acabar con el post, el vídeo con el lipdub de la paillote!

 

«There can be no keener revelation of a society’s soul than the way in which it treats its children.»

«No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad, que la forma en la que trata a sus niños.»

Nelson Mandela

 

 

 

CamboyaONGPSEvoluntariados

causewetravel • 31 agosto, 2014


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